La hoja de ruta del arándano peruano

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El arándano se ha consolidado en Perú. Tras pasar innumerables pruebas a inicios de la década pasada, las superficies se han ido multiplicando en Chavimochic (La Libertad) y Olmos (Lambayeque) debido a los buenos resultados, que en términos de precios gozó esta fruta en sus primeros años de exportaciones. Y si bien hoy en día esos precios han descendido, el del arándano continúa siendo un buen negocio. En solo diez años, el negocio se ha consolidado a tal punto de que el Perú ha desplazado a Chile como el principal proveedor de arándanos a nivel mundial.

Ante un panorama así, el sector necesita de ciertos ajustes, si es que se quiere seguir manteniendo el sitial logrado. Estos son ajustes en los costos de producción y en el manejo de nuevas variedades que cumplan con los requisitos de calidad que exigen los mercados de destino.

“Las empresas se están dando cuenta que el negocio ya no genera tanta rentabilidad como antes. Su volumen se incrementó tanto que hizo que el precio bajase en los mercados de mayor demanda, pero eso se irá estabilizando. Entonces, ahora Perú compite contra sí mismo. Para aquellas empresas que tengan fruta de calidad, éste seguirá siendo un buen negocio”, analiza el asesor Bruno Mancilla, de la Consultora Santa María, firma que lidera el también asesor Sebastián Ochoa, trabajando además de Perú en los principales países productores de este berry.

Una cuestión de costos razonables

En la lógica de mantener una rentabilidad atractiva, Mancilla plantea como primer objetivo un manejo razonable de costos de producción, que debieran ajustarse a los nuevos retornos comerciales que está teniendo hoy en día la industria peruana. Un punto a favor en este ítem es la mano de obra, que actualmente cuesta la mitad de lo que se paga en Chile, aunque con bajos niveles de eficiencia. Ese aspecto es negativo para el desarrollo del sector. “Por más que la mano de obra sea más económica en Perú, no lo compensa, porque igualmente se debe gastar mucho en un cultivo que es siempre verde. Entonces, durante los doce meses se deben realizar labores en campo”, sostiene.

Actualmente, el principal costo productivo es la cosecha, y es así porque se trabaja con una mano de obra no calificada y que aún sigue siendo lenta. “Antes los retornos eran bastante más altos, entonces, no importaba si la mano de obra era poco eficiente o no. Ahora este costo es más gravitante que antes, tanto porque los precios bajaron, como porque existen campos muy grandes de arándanos. Por ejemplo, los campos aquí en Perú necesitan dos personas para labores que en Chile necesitan solo una”, explica el experto.

Si eso mejorara, existiría un buen potencial para rentabilizar mucho mejor el negocio. Por ello es que Mancilla considera necesario que las empresas inviertan en la capacitación de sus trabajadores y darles bonos por su productividad. “En Chile se incentiva la eficiencia dando premios (un pago extra) cuando se alcanza cierto nivel de rendimiento. Con ello se promueve que la gente haga un mejor trabajo”, precisa. Sin embargo, esto debiese ir acompañado de una buena supervisión del personal, ya que se podría dar el caso de que, por sacar más kilos de fruta, esta termine siendo dañada.

No es el único ajuste. Otro que es necesario, a fin de reducir los costos productivos, son las aplicaciones de agroquímicos. “Se deben hacer las que realmente justifiquen esta práctica”, afirma Mancilla, aunque hayan comenzado a aparecer más plagas y enfermedades que antes no se registraban en el cultivo, algo que está ligada a la expansión de la superficie en el país. “Olmos era bastante sano, pero evidentemente aparecen enfermedades que antes no se veían en arándano, por ejemplo, la Lasiodiplodia. Ahora este hongo está presente y hay casos en que contamina hasta el 25% de un campo”, explica el asesor. ¿Cuál es la salida? “En este caso, la única es sacar plantas y renovar el material vegetal”, continúa. En este caso en específico, sostiene que lo mejor es realizar un tratamiento preventivo de fungicidas, seguido de un buen manejo de la planta para que se mantenga saludable y desarrolle una fruta de calidad.

Continuar las pruebas con nuevas variedades

Los mercados internacionales exigen sabor. Y eso los productores locales lo saben. Ese sería uno de los indicadores por el cual una variedad como Biloxi estaría en retirada de los campos en el país. Es cierto que esta variedad es fácil de manejar, tiene buenos rendimientos y, comercialmente, todavía recibe un buen precio por un kilo de fruta. Sin embargo, frente al aumento de oferta de arándanos, el tema del dulzor será cada vez más importante a la hora de fijar los precios.

“Así, una variedad como Biloxi, producida en algún valle del norte del país, nunca será dulce y será castigada con bajos precios, especialmente, por un cliente chino”, sostiene Mancilla, subrayando que la genética es la que determina, entre un 70 a 80%, el sabor de la fruta.

La solución a ello pasa por seguir realizando pruebas con variedades licenciadas, ya sean libres o ‘club’, sobre todo aquellas que tengan un menor requerimiento de horas frío. Si bien el Perú tiene la ventaja de poder producir arándanos cualquier mes del año, la falta de diferencial térmico no permite a algunas variedades expresar mejor sus características. “El diferencial término en el norte del país es de 5ºC, si lo comparamos en el hemisferio norte e incluso Chile, donde existen diferenciales térmicos bastante más altos. En Chile puedes llegar a un diferencial término de 20ºC. Entonces, eso efectivamente ayuda a los cambios del color y a tener una fruta más dulce”, comenta.

En el caso de las variedades licenciadas libres, Mancilla destaca a Ventura, que ha ido tomando gran protagonismo, por presentar calibres mayores y un mejor sabor. Lamentablemente, algunas malas experiencias y manejos errados en algunos fundos le han pasado factura a la imagen de buena variedad en los mercados. “Ventura es una muy buena variedad, pero por situaciones de manejo, se ha terminado produciendo fruta excesivamente grande o mal nutrida, entonces, llega mal a destino y el mercado empieza a castigar en el precio”, sostiene. No es la única variedad de estas características que está siendo testeada en el país.

Si el objetivo es contar con una fruta de un sabor extraordinario, las mejores opciones están en pertenecer a algún ‘club’ de una determinada variedad. Así es como ya hay empresas que están trabajando con el material genético de casas como Mountain Blue Orchards y OzBlu, fruta que, una vez exportada, está consiguiendo precios por encima del promedio en diferentes mercados, por ejemplo, en China. “Son variedades con cero requerimiento de frio. Sin embargo, como se trata de un material genético cerrado, esos programas son bastante estrictos en decir con quienes trabajarán. Otro tema, no menos importante, es que no quieren saturar a los mercados, porque si solo se produce cierto nivel de volumen, se mantendrá los precios altos de esa fruta y la idea es que tenga un valor distinto que el resto”, explica.

Sin embargo, el especialista considera que esto podría ir cambiando con el tiempo y que el negocio de variedades será similar al que vemos hoy con las uvas, uno muy dinámico y con nuevo material genético e innovación. “Las empresas no pueden pensar en quedarse con una sola variedad por muchos años, sino que deben estar apostando constantemente por aquellas mejoradas que salgan al mercado”, subraya.

Estrategias para obtener el mejor rendimiento

Basado en la experiencia como asesor en diferentes países, Mancilla hace hincapié en ciertos aspectos claves para mejorar el manejo en campo o tomar las mejores decisiones a nivel comercial. “Uno debe tratar a estas plantas como a un atleta olímpico, es decir, llevarlos a su máximo rendimiento para obtener el mejor resultado”, reflexiona.

Manejo adecuado del riego y suelo: El asesor sostiene que el riego es un tema clave para obtener fruta de calidad, y que es más fácil estresar a la planta con mucho riego que por falta de agua. La frecuencia y la cantidad de agua que se aplica a la planta es algo que aún está en proceso de validación en muchos fundos del país.

“Por la temperatura y la radiación que hay en Perú se puede regar en exceso, pero el arándano no tiene pelos radiculares, como el palto, entonces ambos cultivos tienen raíces extremadamente ineficiente y necesitan mucho oxígeno. Si las regásemos mucho, las mantendremos más tiempo saturadas y sin oxígeno. Por lo tanto, se estresará. Y eso se traducirá en tener fruta de una menor calidad. A lo mejor, puede que no sea de menor calibre, pero puede que le cueste tomar color o se te ablande”, explica el especialista.

Además, se debe trabajar en la definición del tipo suelo, porque de ello dependerá el riego, modalidad y frecuencia. Cuando se tiene al arándano en suelos arenosos se suele regar por pulso, pero no todos los tipos de arena son iguales. “Las arenas más gruesas no retienen mucha agua y, seguramente, el riego por pulso es más conveniente; pero si la arena es más fina, con componentes de limo y arcilla, quizá no necesitas dar pulso, sino establecer alguna otra alternativa”, refiere. Así, por ejemplo, en Olmos, la gran mayoría de las plantas están sobre suelo y se manejan sobre camellones, como si se tratase de una hidroponía. Si bien es suelo, ocurren intercambios químicos que deben considerarse al momento del fertirriego. En cambio, las macetas se están empleando más el norte chico y los valles del sur, debido a la mala calidad de suelos que hay en esas zonas.

Bruno Mancilla recomienda no solo hacer agronomía en el campo, sino algo de ingeniería. Por ejemplo, hoy existen sondas para ver cuánto y qué está tomando la raíz de la planta a los 15, 40 o 60 cm de profundidad. “Esa tecnología no se usa porque se desconoce, pero hay que comenzar usarla”, refiere.

El punto de cosecha: “Cuando la fruta toma color, hay que cosecharla”, afirma Mancilla. “De lo contrario, la fruta se sobremadurará, se ablandará y no llegará en las mejores condiciones a distintos mercados”, añade y advierte que las decisiones comerciales no se toman en el campo, como ocurre en algunos fundos, que por tener fruta dulce, la dejan más tiempo en la planta. La fruta deberá estar preparada para venderse en cualquier mercado, sea cercano o lejano, porque los precios pueden ser muy volátiles y las mejores ganancias podrían estará a más kilómetros de distancia. Por ejemplo, podría ocurrir el caso de que en EE UU y Canadá haya saturación de fruta peruana y se privilege venderla en otro mercado. “Al final, se debe poder maniobrar comercialmente esa fruta y para ello necesitas una fruta que sea viajera”.

El impacto del cambio climático: Muchas enfermedades que antes no eran tan relevantes se han intensificado en los valles, debido al incremento de la temperatura, que está entre 0.5 y 1ºC año a año, producto del cambio climático. “Uno no lo nota, pero sí organismos tan pequeños, como una bacteria o un hongo. Las plagas que son bastante pequeñas están teniendo un desarrollo más acelerado”, dice. Por ello, recomienda comenzar a trazar planes sanitarios preventivos para evitar que el cultivo se vea atacado con agresividad.

Orgánico, un mercado de nicho: Este es un producto que cada vez más el mundo quiere, por un tema de cuidado con el medio ambiente. Así, para Mancilla, la producción orgánica tendrá un nicho interesante y generará mejores retornos que un cultivo convencional. Actualmente, comenta que existen buenas experiencias entre los productores locales. Uno de ellos es Agrícola Crizol en el valle de Santa Rosa (Lima), que cuenta con 20 ha totalmente orgánicas, donde ha conseguido buenos rendimientos y calidad de fruta. Un aspecto positivo es que hoy en día los productores cuentan con todo tipo de productos (nutrición y fitosanitarios) para poder desarrollar un huerto orgánico en las mejores condiciones.

La demanda seguirá creciendo: Todo el mundo quiere comer más arándanos. La razón de ello es la gran cantidad de estudios de investigación validados que demuestran los innumerables beneficios en la salud humana. Además, se le siguen descubriendo cada vez nuevas propiedades, como el desarrollo de las conexiones neuronales entre niños de 4 a 10 años. “Los mercados van a seguir creciendo. Eso sí, como es un mercado maduro, va a saber lo que quiere: una fruta grande, firme y de buen sabor”, advierte el experto.

Si bien el negocio seguirá expandiéndose, será más selectivo y los productores peruanos deberán prepararse con fruta de calidad. “Perú va a ser el gran proveedor de arándanos del hemisferio sur más temprano, pero internamente va haber competencia entre empresas por diferenciarse en cuanto a las variedades, volúmenes, certificaciones, producción orgánica, con una menor huella ambiental o si es socialmente responsable”, explica. Entonces, no se tratará solo de aprovechar la mejor ventana comercial, sino que la apuesta vendrá de la mano de la diferenciación.

Fuente: Agroforum

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